Día 13.1/2

Dia 13.1/2 (ocurre a la par del dia 13.1)
Monte Lichtlos, los seres que recogieron a Yuna la han llevado a una especie de castillo oculto en el interior de la montaña. El color oscuro de sus ladrillos le hacia confundirse con la misma roca.
Sin despertar a Yuna, la llevaron a una sala donde había otras tantas chicas, casi en sus mismas condiciones. Algunas tenían los ojos con la mirada perdida, aunque no parecían llevar mucho tiempo allí, los mafiosos de Gambling City no parecían ser los únicos suministradores de mujeres al Santuario Perdido de Lichtlos. Dos seres con las mismas características de las que recogieron a Yuna, la llevaron a un balneario, le lavaron el cabello y todo el cuerpo. La masajearon con aceites y perfumes y la vistieron con un peculiar vestido hecho solo con tiras blancas que provenían de una sayuela y se enroscaban hacia arriba alrededor del cuerpo cubriendo el pecho y parte de los brazos.
La llevaron aun dormida a un salón rojo vino, casi rubí, cubierto con cortinas, y con el piso cubierto de cojines. La acomodaron sobre uno de estos y esperaron junto a el.
La puerta de atrás de ellas se abrió. Hicieron una pequeña reverencia al hombre que recién entraba. Una capa roja se deslizaba mientras caminaba y cubria gran porción de su negro traje.
Excelencia, le hemos traido una exquisitez digna de usted entregada hoy mismo en la mañana – dijeron ambas a la vez – ya esta lista para su consumo.
El las miró sin hacer gesto alguno. Siguio caminando y bajo los tres escalones que conducían hacia el suelo de cojines. Planto la vista sobre Yuna quien se estira y deja mostrar su cara levemente. Un leve susurro se escuchó en el momento de esto ocurrir “Luna”. Su mirada cambio de repente de seria a insultada.
Pero que habéis hecho par de súcubos inútiles? – gritó de repente – Como se les ocurre traérmela?
Nos la llevamos de su vista y nos deshacemos de ella? – dijeron aterrorizadas las súcubos.
No! – gritó el – Ponganle una ropa mas decente y llévenla a la alcoba del 3 piso.
Si, enseguida, su Excelencia Rey de los Súcubos Mizashi Pride sama – respondieron ambas.

Las súcubos cargaron a Yuna nuevamente con cuidado y la llevaron lejos de la habitación. Un largo y sereno vestido blanco cubría ahora el cuerpo de Yuna y su cabello fue cuidadosamente trensado en forma de corona alrededor de su cabeza y con pequeñas flores blancas engarzadas a este. La dejaron reposando en una amplia habitación que discordaba con el resto del palacio, esta era completamente blanca, con detalles muy finos y delicados. Había hasta flores en la habitación.
Nada mas la súcubos se retiraron el Rey entro en la habitación. Nuevamente con pasos lentos se dirigio a ella. Se arrodillo en la cama, tomó la mano de Yuna y comenzó a llorar.
Luna, querida Luna. ¿Cómo después de tantos años el destino ha logrado cruzar nuestras vidas otra vez?
Yuna ante lo que estaba ocurriendo despertó con algo de mareo y la visión borrosa (sus pupilas estaban dilatadas por un afrodisiaco otorgado por las sucubos), la cual se fue asentando poco a poco. Para ella de pronto un total desconocido le tomaba de la mano, un joven castaño, de tez clara y manos firmes. ¿Por que lloraba? Por alguna razón le oia hablar, pero no entendia que significaban sus palabras, las palabras en si no tenían un significado alguno para ella. Intento hablar pero tampoco pudo. No entendía. Lo único que pudo hacer fue levantarse un poco y con su mano libre limpiarle las lagrimas. Le vio sonreir y eso la tranquilizó. Por alguna razón quería seguir durmiendo. Su mente no estaba bien.
Luna había despertado, aunque fuera por un instante. Eso era lo que veía Mizashi Pride. Estaba viva y calida. Estaba viva, no era un engaño. O por lo menos eso quería creer.
Salio de la habitación dejando a dos súcubos guardando la puerta. Mientras caminaba convoco a la consejal de la corte.
Convoca una reunión urgente – dijo Pride – reúne a el canciller de los Felyos, al historiador y al líder de los Ryutetsu.
¿Pero que ocurre Excelencia? – insistió la Consejal.
Luna debería estar muerta tras lo que ocurrio hace 145 años descansando en el Bosque Felyos – dijo Pride – pero ahora resulta que esta viva.
¿Deberiamos entonces deberíamos matarla Excelencia?
Los marrones ojos de Pride se tornaron carmesí, la Consejal enseguida entendio que había metido la pata.
Convoca la reunión y manténganla vigilada – dijo Pride – No he pedido nada mas.

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