Rised Powers

 

Prólogo

El mundo tal y como lo conocemos es solo una mínima parte de lo que es en realidad. El planeta Tierra forma parte de lo que es la Vía Láctea que a la vez es parte de una galaxia, que apenas conforma un 0,1% del universo. Hacia los confines de este se encuentra también el límite de esta dimensión: La dimensión Polster. Una dimensión que en sus inicios fue diseñada para las personas sin poderes.

También existe la dimensión de los portadores de estas habilidades llamadas poderes: la dimensión Guëist. Este mundo hace muchos años, allá en el 2016, se vio afectado por uno de sus pobladores, Deimad. Quien bajo el nombre de “El Supremo Obscuro”, en acto de venganza planeaba robar todos los poderes de la dimensión. Acción que fue destruida por la salvadora de las dimensiones polster-guëist: Lucy Krugger. Quien, con su grupo, logró acabar con la maldad de Deimad. Pero una noche, poco antes de morir, notó que el alma de su peor enemiga acababa de reencarnar. No había nadie mejor para derrotarla que quienes lo hicieron en un principio, pero en el estado actual en el que se encontraban todos les era imposible. Habían transcurrido casi 83 años desde el suceso. Por ello personalmente me pidió que me encargara de guiarla a ella y a los demás partícipes al nuevo escenario con un nuevo cuerpo y una conciencia que recobrarían al cumplir 15 años.

¿Qué quién soy yo? El único que ha sobrevivido a esta loca aventura y quien único podrá guardarla y contarla para futuras generaciones. Soy el ente más temido de la dimensión Guëist y el amigo más querido por Lucy Krugger. Yo soy el espíritu de la muerte de la dimensión Guëist: Shi Dedeat.

Ahora, escucha atentamente la continuación de esta historia. Que comienza ahora en la dimensión Polster, nuevamente en Cuba, a partir del 26 de enero del año 2099.

 

 

 

Otro inicio.

 

 

En un cementerio, sobre una tumba donde estaban grabados los nombres Krugger-Dickxort, descansaba un chico un poco pálido, de pelo blanco, despeinado y corto relativamente largo.

Una leve llovizna comienza y le despierta de su pacífico reposo.

  • ¿Eh? – dijo mientras se levantaba poco a poco. – ¿Dónde estoy?

Miró a su alrededor y al ver los nombres grabados en la tumba despegó de un brinco de ésta, cayendo a un par de pasos de distancia. Sus ojos azul celeste estaban muy abiertos, como si no creyese lo que veía.

  • ¿Pero cómo? – dijo acercándose nuevamente a la tumba. – Pero si ahora mismo estaba a mi lado, besándome. ¿Por qué su nombre está aquí?

Se recostó sobre la tumba y comenzó a llorar.

  • No es justo que murieses… – de pronto se detuvo – Un momento, mi nombre está ahí también. ¿Yo también morí? ¿O sea soy un fantasma?

Se palpó el cuerpo pero lo sentía muy sólido, el poliéster gris de su camisa era palpable a la perfección, sentía, no atravesaba objetos.

  • Al parecer estoy vivo – apartó la mirada como si buscase a alguien, pero en su lugar encontró un charco de agua donde se reflejaba su imagen – ¡Vuelvo a ser yo! Un momento… Ella me había mencionado la última vez que hablamos… ¡a Deimad! Creo que comienzo a recordar. El cómo todos íbamos a morir para derrotarla y quien se iba a encargar de ayudarnos era…
  • Yo – dijo un chico trigueño, de pelo más largo que él e igual de desordenado, con dos mechones en la cima de su cabeza y un abrigo azul muy ancho que le cubría desde la boca hasta los pies – parece que llegaste bien Orión.
  • ¡Shimori! – dijo Orión exaltado – Estás también como antes.
  • Sin dudas olvidaste gran parte de lo que ella te dijo antes de morir.
  • No, recuerdo que volvería con 15 años a este mundo y hasta que ellos no tuvieran la misma edad yo sería invisible en su mundo.
  • O sea eres como yo – dijo Shimori.
  • ¿Cómo tú? En qué sentido ¿eres inmortal y cambias tu aspecto físico con los años para que el mundo no se entere? – dijo Orión – Porque si era ese tu poder súper secreto creo que ya lo descubrí, aunque todavía no entiendo o de…
  • Te equivocas, todos estos años has estado junto al ente más temido de toda Celestial Town Shi Dedeat: El Dios de la Muerte de la Dimensión Polster.

Orión se quedó atónito, todo ese tiempo estuvo conviviendo junto a un espíritu.

  • Vamos, cierra esa boca – dijo Shimori – o no te diré como verla de nuevo.
  • ¿Está aquí, ella está aquí? – dijo Orión agarrándose con fuerza del abrigo de Shimori.
  • En cierto punto si y en cierto punto no – dijo Shimori con sequedad.
  • ¿Eh? – dijo Orión – no te entiendo. ¿A qué te refieres?
  • Digamos que Luz esta por alumbrar a su nueva hija, la cual será…
  • Lucy – interrumpió Orión a Shimori.
  • Exacto, Luz está en labor de parto…
  • Llévame con ella – suplicó Orión de rodillas en el suelo a Shimori – Por favor llévame con ella.
  • Está bien, está bien – dijo Shimori sacando su guadaña – no tienes por qué ponerte así. Vez, ya estamos en la sala de parto.
  • ¿Qué, tan rápido? – preguntó Orión asombrado.
  • Se le llama transteleporte, ¿se te olvidó? – dijo Shimori.

Una chica de cabellos blancos, de piel muy tersa y tristes ojos color azul, estaba acostada en una camilla rodeada de enfermeras. Su barriga estaba hinchada y gritaba incesantemente de dolor. Varias toallas y sábanas estaban embarradas de sangre. El electrocardiograma bitaba con mucha frecuencia.

  • Sin dudas, deberías haberte quedado en la dimensión guëist – refunfuñó Shimori – Ella no estaría pasando tanto trabajo y en condiciones tan paupérrimas como estas.
  • No es mi culpa, Lucy quería venir a vivir a la dimensión Polster, y bueno de ahí a que toda la familia se quedase – dijo Orión.
  • Ella es la única Guëist en toda la sala – se quejó Shimori – está rodeada solamente de Polsters. Que escoria – dijo con cierto desprecio mirando a las enfermeras.
  • Estará bien – dijo Orión antes de ser atravesado por una enfermera que pasaba a revisar la dilatación de Luz.
  • Ya está asomando la cabeza – dijo la enfermera – Querida, ahora tienes que pujar con fuerza.
  • No puedo – exclamó en un grito Luz – No puedo.
  • Si puedes, ten confianza en ti misma. Las mujeres llevamos haciendo esto desde hace años. Está en nuestro ADN – dijo otra enfermera aguantando a Luz de los hombros.
  • O Dios mío la cantidad de sangre que está expulsando es ENORME – susurró una tercera enfermera a la primera haciendo sumo énfasis en la palabra enorme – ¿crees que sobrevivirá?
  • No te preocupes, en toda mi vida como partera jamás he perdido a una madre o a su bebé – respondió la primera.
  • Vamos Luz, yo sé que puedes hacerlo – pensó Orión – ojalá y me pudiese oír.
  • No puedo hacerlo … … – dijo Luz
  • El pulso está comenzando a bajar, la perdemos, la perdemos – dijo el asistente que vigilaba el electrocardiograma.
  • No, no, no, no, no… – dijo la doctora a cargo – traigan una dosis de magnesio, urgente. No voy a permitir que esto suceda.
  • Ya está por los hombros, voy a comenzar a sacarla manualmente y a proceder a cortar el cordón – dijo la segunda enfermera.

Luz estaba teniendo convulsiones, tuvieron que sujetarla a la cama mientras extraían a Lucy de su interior y le administraban el magnesio. Sus gritos podían oírse por todo el hospital y habían logrado que Shimori cayese desmayado.

Orión estaba paralizado, no podía intervenir ni aunque quisiera. Su bisnieta estaba en shock delante de sus ojos y no sabía si Lucy iba a sobrevivir.

  • Vamos, por favor, todo esto no puede ser en vano – dijo Orión.

La primera enfemera se abalanzo sobre Luz y se dispuso a sacar de su interior a Lucy. Un llanto de recién nacido hizo que Orión recuperase el sentido.

  • Listo, tenemos a una linda niña – dijo la doctora.
  • Shimori despierta, es Lucy. Ya nació – dijo Orión levantando a Shimori.
  • ¿Cómo sigue Luz? – dijo Shimori limpiándose los oídos.
  • Parece que se relajó al recibir la dosis de magnesio – dijo Orión un poco más relajado – Ven, vamos a verla.

La partera limpió a Lucy y la envolvió en una manta de algodón de color lila. La colocó en una pequeña cuna en la habitación y se acercó a Luz para comprobar su estado. Orión se acercó a Lucy junto con Shimori.

  • Que linda es – dijo Orión – Me alegra que todo por fin esté bien.
  • ¿No te parece extraño? – dijo Shimori
  • ¿Qué sucede? – preguntó Orión.
  • Lucy… no se… mueve – dijo pausadamente Shimori.
  • ¡La perdemos de nuevo! – dijo el enfermero – su pulso está decayendo otra vez. ¡La perdemos!
  • ¡Shimori, haz algo! – gritó Orión – ¿eres Shi Dedeat verdad? Entonces haz lo mismo que hiciste conmigo cuando Deimad me asesinó, devuélvela a la vida.
  • No…
  • ¿Cómo qué no? – le interrumpió Orión agarrándolo por los hombros – ¿no quieres a Lucy, no quieres que vuelva?
  • ¡Claro que quiero que vuelva, idiota! – gritó Shimori – Solo es que… no puedo.
  • ¿Qué, como… que no puedes? – dijo Orión – tienes que poder.
  • Yo no tengo el control de la muerte en esta dimensión – dijo Shimori apenado – no puedo salvarlas.
  • Pero quizás yo sí – dijo una tercera voz.

La habitación y sus contornos desaparecieron para dar lugar a un campo blanco infinito. Estaban en los límites del submundo espiritual. Donde moran los espíritus protectores de aquellos que han dejado tanto la dimensión Polster como la Guëist y se encargan de darles un nuevo camino a seguir según los resultados de su vida pasada. En este momento estaban en los dominios de la muerte de los “sin poderes”.

Un chico ligeramente despeinado, con la boca cubierta por un pañuelo y vestido solamente con ropas largas y blancas apareció al instante.

  • Monn Shizu… – masculló Shimori con ligera rabia.
  • Shi Dedeat, ¿hacía cuanto no nos veíamos? ¿Unos 91 años desde que huiste del submundo espiritual? – dijo Monn en tono burlón.
  • ¿Huiste del submundo espiritual? – dijo Orión – Pensé que habías venido a nuestro mundo de vacaciones.
  • Ojalá y fuera así – dijo Shimori – Me fui del submundo espiritual porque no soportaba estar a su lado, monstruo sin piedad.
  • No digas eso Shi – rio Monn – Sabes que este mundo tiene sus reglas, no es tan simple como en el tuyo.
  • Sí, pero no niegues que matas por placer, escoria – refutó Shimori.
  • ¿Placer? No creo que sea la palabra adecuada – dijo Monn – Más diría yo que soy el salvador de esta dimensión, eliminando justamente a quienes la contaminan.
  • ¿Y cuál es tu excusa para matarlas a ellas? – gritó Orión con rabia.
  • Orión, no te metas – dijo Shimori.
  • No, dejalo – dijo Monn – me gusta ver como los peones solitos deciden combatir a un rey. Demuestran su potencial de esa manera.
  • ¿Cuál es la razón para matar a Lucy y a Luz? – repitió Orión – ¡respóndeme!
  • Razones tenía ella, su vida era un desastre, su esposo la abandonó, su familia la despreciaba, su bisabuela era la única que sentía algún cariño por ella. Y la otra, iba a morir posiblemente. El ambiente en el que iba a vivir no iba a ser próspero y posiblemente moriría en las calles, fugada de su casa.
  • ¡Eso no es cierto! – dijo Orión – es verdad que Luz era como la oveja negra de la familia, pero no por ello dejamos de amarla. Y Lucy, aunque hubiera sido criada en un mal hogar, hubiera sobrevivido. No son polsters cualesquiera.
  • ¿No? Y que hacen en mi dimensión, pues tengo escrito aquí – dijo Monn sacando un bulto de papeles – que nacieron en esta dimensión, lo que las hace oficialmente Polsters.
  • Pues no, son descendientes de Guëist, de mí para ser exactos – dijo Orión.
  • Orión, estás entrando en muchos detalles – le detuvo Shimori – En fin, lo que quiere decir es que sus muertes quedan bajo mi jurisdicción.
  • Sabes bien que no Shi, una vez entran aquí es decisión mía cuando matarles – dijo Monn en tono siniestro.
  • Decídanlo entonces a la mitad – dijo una voz femenina – Uno muere, uno vive.
  • ¡Clea! – dijeron Shimori y Monn a la vez.

Una chica de cabellos color lila, vestida solo con una túnica blanca de finos bordados apareció envuelta en un aro de luz.

  • ¿Quién es esa? – dijo Orión.
  • Muestra un poco más de respeto – dijo Shimori golpeándole la cabeza – es la Muerte de la Dimensión del Tiempo, Clea Sinclair.
  • Lindas tet… – intentó decir Orión, pero Monn y Shimori le golpearon enseguida.
  • ¿A la mitad dices? – dijo Monn – me parece un trato justo. ¿con cuál te quedas, Orión?
  • Con Lucy, por supuesto – dijo Orión sin levantarse del suelo.
  • No dudó ni un segundo en decirlo – pensó Shimori.
  • ¿Estás de acuerdo con esa decisión? – dijo Clea a Orión.
  • Claro que voy a estar de acuerdo con mi decisión, estoy escogiendo no solo la vida de la persona que amo, sino también la vida de la persona que nos va a salvar a todos de nuevo y que nos incitará a luchar por un brillante futuro libre de peligros – dijo Orión.
  • Que así sea entonces – dijo Monn agitando su mano y retornando el alma de la pequeña Lucy a su cuerpo, mientras Clea expulsaba a Orión del submundo espiritual.
  • Qué bueno verles de nuevo, hermanos míos – dijo Clea dirigiéndose hacia Shimori y Monn – ¿hacía cuanto no estábamos juntos, aunque fuera solo la mayoría?
  • Diría yo que como unos doscientos treinta y seis años más o menos – dijo Shimori – Que según los mortales, es básicamente una eternidad.
  • Igual, no han cambiado nada en tanto tiempo – dijo Clea riendo – aunque sean inmortales nunca maduran. Pareciera que aún son los mismos niños de antes.
  • Si, si… también fue bueno verte hermanita – dijo Monn con desdén y un poco sonrojado – No sé tú, pero yo tengo mucho trabajo que hacer. Así que me retiro.

Monn desapareció con el alma de Luz y dejó solos a Clea y a Shimori.

  • Has disfrutado mucho junto a esta chica – dijo Clea mirando a Shimori – Parece que te une a ella algo más que simple aprecio.
  • No balbucees idioteces Clea – dijo Shimori algo sonrojado – no es cierto.
  • Te conozco hace milenios Shi Dedeat, nunca te había visto sentir aprecio por mortales… hasta ahora. Y no parece un simple afecto, parece más poderoso – dijo Clea
  • ¿Qué te hace decirlo? – dijo Shimori
  • Además de que te sonrojes cuando menciono un tema relacionado, pues que te quedaste en el mundo de los guëist por ella, incluso fingiste ser uno de ellos para poder estar a su lado – respondió Clea – ¿Qué te atrajo de esta chica?
  • Muchas cosas… sus hilos de la vida eran muy confusos la primera vez que los leí, y mostraban una vida más larga que la que tenía prevista. Aunque en muchos puntos estuvo a punto de morir de no ser por sus amigos. Tiene una vida alocada y resiste a ella de una forma que admiro. Me gusta estar a su lado pues siento que de algún modo aprendo a vivir – dijo Shimori – Por lo tanto, me retiro a seguir cumpliendo con ese deber. Cuídate querida hermana.

Shimori desapareció justo como Monn para acompañar a Orión en la sala de partos. Donde sin resultado trataban de reanimar a Luz y a la vez se alegraban del milagro de que Lucy estuviese viva.

  • Bueno, ahora te la encomiendo a ti – dijo Shimori – tienes mucho por hacer y ella tiene una larga vida por delante. Vigílala bien o sufrirás las consecuencias.
  • Como no voy a cuidar de la vida de mi amada – dijo Orión – ¿Y tú a dónde vas?
  • Tengo que volver al submundo espiritual a terminar algunas cosas – dijo Shimori mirando con nostalgia a Lucy – trataré de buscar con Monn información de Deimad y me encargaré de vigilarte con Lucy. Recuerda que no te podrá ver hasta que no cumpla los 15 años.
  • No te preocupes, estaré a su lado hasta que llegue el momento indicado – dijo Orión sonriente – Siempre la estaré vigilando, tenlo por seguro.
  • • •

Mientras en otro lugar, un fragmento de alma oscura            que hacia poco tiempo había perdido su camino, vagaba sin descanso. Había seguido a través de las dimensiones para perderse casi en el olvido. En la distancia y en aparente calma alguien la observaba.

  • Bien hice en seguirle – dijo sonriente – dejando trozos de almas a la suerte y azar. Creo que me entretendré un poco en esta dimensión tan simple. Pero primero vamos a darle cuerpo y memorias a este potencial líder de la humanidad guëist. Le transfiero un poco de mi inmortalidad y estará listo.

Pero su soledad no duró tanto como esperaba. Monn, la muerte de la dimensión Polster se aproximaba a su encuentro.

  • Monn, que sorpresa ¿a qué se debe tu aparición? – dijo sorprendida.
  • Siri, no entiendo tu sorpresa al verme. Sabes que dueño esta dimensión. Eres tú la que está fuera de lugar – contestó Monn – ¿No deberías estar en otra hogar, Muerte de la Dimensión del Espacio?
  • No seas tan rudo, ya sabes que allá casi nunca muere nadie. Mi trabajo no es tan entretenido – dijo Siri.
  • Pues no estorbes, cada vez que estás aquí terminas haciendo destrozos. Procura no traerte nada entre manos esta vez – dijo Monn apartándose y siguiendo su camino.
  • No te preocupes hermano, no haré ningún destrozo – Siri se volteó hacia el fragmento de alma – Solo me encargaré de crear esta vez.

Con un delicado suspiro, confirió a ese pequeño trozo de alma su inmortalidad y la impulsó a buscar un lugar donde pudiera dar lugar a infinidad de sucesos divertidos.

 

4 thoughts on “Rised Powers

  1. Buena historieta basada en la realidad paralela. Y que nacimiento más trágico tuvo Lucy. Es una encarnación de alguien que conozco que trabaja la medicina…

    1. … emmm alguien se ha quejado por como se recicla la espada de Angeal, o COMO SE RECICLA KENNY, o Bugs Bunny, o Tom y Jerry? Ya… por lo menos dices que esta genial. XD

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