El escritor y su lucha

Todo comenzó cuando el escritor sintió ganas de escribir. Miró el reloj de la pared y pensó: “5:00 AM. ¡Oh!, vaya, tengo ganas de escribir-para después preguntarse-¿pero qué escribo?”. Quien comprenda la mente de un escritor sabrá que la falta de inspiración es una experiencia terrorífica no recomendada para personas débiles del corazón y propensas al alcohol o la depresión. El autor se sentó en su escritorio, encendió su lámpara y lo preparó todo:

Bien. -pensó- Papel listo, bolígrafo listo, posición lista, lámpara encendida, todas las paredes en su sitio y cielo despejado. Bien, todo listo.”

El escritor tomó la pluma, la puso sobre el papel y comenzó:

>>”Hace mucho tiempo, cuando no había nada, un joven…”

El autor miró su pluma. –“Esto suele pasar”- pensó al ver que se había quedado sin tinta y se dispuso a inclinarse para conseguir otro bolígrafo de la inalcanzable gaveta inferior. Durante este proceso, la tercera pata de la silla ya no pudo más y el hombre acabó debajo de la mesa. Al abrir los ojos descubrió otro bolígrafo que al parecer se había caído y el había dado por perdido hace unas noches. Sintió que esto era un auténtico golpe de suerte, y ya comenzaba a levantarse cuando sintió un nuevo golpe, tan autentico como el anterior, pero esta vez contra la parte inferior del escritorio. Al instante el pobre escritor lanzó al aire dos palabrotas y se incorporo en su silla con las manos en la cabeza.

Muy bien, ya puedo comenzar otra vez”-pensó. Pero había un problema, ¿qué iba a escribir? Del golpe había olvidado como continuaría la historia. Como todo artista haría en su situación decidió iniciar desde cero, miro el reloj y comprobó que eran las 5:05 AM. Una vez más: “Papel listo, bolígrafo nuevo listo, posición lista, lámpara encendida, paredes en su sitio y cielo despejado”-Pensó el escritor antes comenzó nuevamente su historia:

>>”Era una noche de tormenta, el mar rugía, el viento susurraba y los vecinos se reían…”

Un momento, ¿!Qué estoy escribiendo!?” -Pensó el autor. No sabía exactamente en qué momento de la oración había conectado la mano con el sentido de la audición, pero al prestar atención pudo notar que, provenientes del otro lado de la pared, se escuchaban las risas de la pareja de la habitación contigua, que al parecer acababan de llegar de alguna de sus andadas.

Ya en este punto el escritor se encontraba visiblemente frustrado; sentimiento que fue relevado por la alteración cuando las risas se tornaron en un rechinante traqueteo que hizo al hombre levantarse y trasladar todos sus materiales al comedor.

Maldigo la hora en la que decidí vivir en un apartamento”

Eso se repetía nuestro autor a sí mismo mientras, materiales en mano, se dirigía rumbo a la ya casi olvidada mesa del comedor. Una vez allí verifico puertas, paredes y ventanas, comprobó en el reloj de pared que eran las 5:15 AM y se sentó en la polvorienta silla para comenzar una vez más con su revisión: “Papel listo, bolígrafo nuevo listo, posición lista, lámpara trasladada y encendida, vecinos divirtiéndose, todas las paredes en su sitio y cielo despejado”-pensó antes de posar su vista sobre el papel. No obstante, había olvidado una vez más que era lo que escribiría, pero esta vez no cometería el mismo error, planearía con antelación todo el contenido de la historia.

Primero pensó en una historia romántica con final trágico ambientada en la Prehistoria, pero desistió ya que el único final trágico posible quedaba anulado debido a un pequeño detalle histórico de esa época: En la prehistoria no se había inventado el matrimonio. Fue entonces cuando pensó en darle un final feliz, pero si no se había inventado el matrimonio mucho menos los divorcios. Después de pensarlo un poco tomó una decisión: definitivamente la obra no estaría situada en la prehistoria. Probó entonces con una tragedia corta sobre un Rey cuya hija quería adquirir un permiso de conducir, para luego cambiar nuestro escritor de opinión y decidir que la obra trataría sobre dos muchachos bajitos que debían llevar un anillo a un volcán. Esta idea le encantaba, pero algo en su interior le decía que ya lo había visto antes, por lo que para evitar los derechos de autor cambio de opinión.

A las 6:35 AM ya la historia trataba sobre un gato de Siberia que quería ser mosquetero y a las 7:13 sobre un árbol y una piedra que se enamoraban. Ya en este punto el escritor había escrito tantas palabras sin sentido que decidió desechar todas sus ideas y centrarse en la idea inicial de un romance trágico prehistórico. No obstante miró por la ventana y se percató de un hecho que lo hizo soltar el lápiz y abandonar rápidamente lo que estaba haciendo. ¿De qué se trataba? Muy sencillo: Estaba nublado

 

 

 

Autor: Marcos A. Alemán

2 thoughts on “El escritor y su lucha

  1. Jajaja…!!!!! Esto me ha pasado a veces con Blazing Trail… y de verdad que no es recomendable para personas que se doblegan facilmente…. Me gustó mucho tu historia xd..!!!!

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