Capitulo 2

 

Tu alma tiene muchas cadenas, cadenas que te atan a este mundo. Ellas están atadas a ti y es tu elección si las llevas, aunque no sepas que están ahí. Cada una tiene un nombre, cada una es diferente. Ellas son grandes, gruesas, finas, pequeñas, pulidas, oxidadas, incluso doradas. Si…, esas son las más especiales, las cadenas doradas. Estas son las de nombres más bellos, las que son más grandes y no pesa cargarlas.
Las oxidadas son las de nombres borrosos, las que nuestra alma deja en el ayer, por no encontrar de nuevo al portador del eslabón del otro lado. Pero yo no tengo tantas cadenas como tú.
Mis cadenas son pocas, pues muchas de las que se oxidaron se rompieron sin yo poder repararlas. También tengo pocas que son doradas, pues no hay muchos nombres especiales para mí. Incluso me ocurre que esas doradas se suelen oxidar un poco de vez en cuando. Como no las quiero perder, las pulo cada vez que puedo. Mas, no siempre se pueden limpiar todas mis cadenas y tampoco puedo mantenerlas a todas con el mismo brillo. Esas cadenas se sienten únicas y desean de mí, la mano que las pula constantemente, pero yo, a pesar de que trato de complacerlas, no logro que todas igualen su brillo. Mis cadenas son egoístas, pero son mis cadenas y las amo. De las pocas que tengo, solo a una la prefiero siempre brillante. Las demás son parte de mi ser, son queridas y cuidadas lo mejor posible, sin embargo su cuidado no lo priorizo como el de esa. Es dorada y posee el nombre más hermoso para mí. Si algún día, pierdo mis cadenas de hierro, no me importará, porque tengo mis cadenas doradas y esas son las importantes. Pero, si pierdo mis cadenas doradas, me sentiré mal; si no tengo elección, me quiero asir al menos a una. Esa…, esa cadena de la que eres dueño. Esa cadena es la que más atada a este mundo me mantiene. Esa cadena me mantiene unida a ti. Tiene un brillo dorado cegador, es tan grande y gruesa que envuelve mi alma, …es la tuya, es la mía…
Las cadenas, si se tensan, tienden a romperse, a hacerle daño al alma de su portador o a calmarse con palabras. Ellas son tan volubles como las personas, son las relaciones de las personas. La cadena que me ata a ti es la más bella, pero yo no puedo ver cómo es esa cadena que nos ata desde tus ojos. Desde tu mirar, mi cadena puede ser distinta, pero yo no lo sé. Quiero pensar que la cadena que nos une es una balanza que mantenemos en equilibrio.
Hace poco descubrí mis cadenas, vi las cadenas de los demás. Vi que todos tienen y no lo saben. Vi cómo se rompían y se creaban e, incluso, vi cómo se volvían doradas. Pero luego, vuelvo mi mirada a ti y no lo descifro. No logro saber el tamaño de tus cadenas, ni cuantas son ni cómo son. Solo sé que tú también tienes cadenas y que una de esas, espero que dorada, soy yo.

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